viernes, 28 de mayo de 2010

Samurai con media armadura, White Models, 90mm

No me gustan las figuras de samurais. No me atrae su estética. Admito que permiten casi infinitas posibilidades de decoración y que una vez terminadas resultan vistosas, pero a mí casi siempre me parecen excesivamente barrocas y recargadas, y no soporto el aspecto de caja de regalos, con colorines y lacitos, que les confiere la armadura tradicional japonesa.


Acepté el encargo porque esta figura es un clásico que yo aún no había pintado y ya es muy difícil encontrarla en el mercado.


Al montarla uno se da cuenta enseguida de que no pertenece a esta época: uniones que van a tope, sin claves de posición, de pernos ni hablamos, cantidad inverosímil de piezas, base insulsa... hasta la textura del metal pertenece al pasado.


Si obviamos estos atrasos, la calidad de la fundición no es mala y se aprecian pocas distorsiones y rebabas. No obstante deberemos taladrar y fijar pernos en las uniones si no queremos que se nos desmonte en un descuido, pues se trata de una figura de 90mm y las piezas pesan lo suyo.


Yo opté por eliminar la base de la caja, que no aportaba nada, y modelé con masilla epoxídica un terreno, pues la pose me sugería combate en campo abierto.


Hay que reconocer que el detalle de la media armadura es original. El guerrero lleva los mínimos elementos imprescindibles para proteger sus partes vitales y poder desenvolverse y disparar el arco con comodidad.


De las placas del torso de la armadura Yoroi sólo conserva la que proteje el hígado, y de las mangas, Kote, la que evita que la cuerda del arco lesione el brazo. Confía el resto de la protección al uso que pueda hacer de la espada. En las piernas las Suneate para las espinillas y Haidate para los muslos, y sólo la Kusasuri que mantendrá en su lugar el carcaj de flechas.


No obstante me cuesta imaginar cómo podría apuntar con ese casco tan cerrado y esa visera tapándole los ojos...


Las proporciones de esta figura me parecen las lógicas para un japones medieval, un tipo chaparro y cabezón, lejos del canon tradicional europeo de las ocho cabezas de altura, y el modelado de los músculos es anatómicamente correcto, en un claro esfuerzo de Stefano Borin por una escultura naturalista.
La pose ya es otro cantar... A mi entender resulta forzada e histriónica. Ese giro tan exagerado del torso mientras mantiene las piernas rectas y bloqueadas es antinatural. Y más si ambos brazos se dirigen hacia atrás.


Además no hay una línea de acción clara; el movimiento no sirve a ninguna intención. Y también provoca que la figura no tenga un plano de observación preferente, con lo que se pierde la efectividad del gesto y la calidad decorativa.


Si colocamos el foco en su rostro, en su mirada, el cuerpo nos ofrece un perfil esquivo con las diagonales del arco y las flechas cortándolo y restándole fuerza. Si, por el contrario, lo colocamos en el plano en que se apoyan sus pies, que nos muestra su fachada más decorada, la cabeza vuelta hacia atrás nos oculta la cara.


Si lo colocamos en la espalda, soberbiamente modelada, no vemos la cara, tenemos en primer plano unos calzoncillos, mientras el arco y las flechas se dirigen en escorzo a nuestros ojos. La pose no tiene sentido alguno.



Para tratar de armonizar tal desequilibrio, he entonado mi pieza en colores cálidos, usando el rojo en múltiples matices, como tono unificador. Algunos elementos en azul, verde o blanco, sirven para dar variedad y contraste al conjunto.
Mirad cómo este tipo la ha armonizado en negro.

He prescindido de los tatuajes corporales con los que se le suele adornar, pues considero que hubiera perdido el efecto equilibrador que pretendía lograr con la armonía de rojos, y hubiera distorsionado el magnífico modelado de la musculatura al descubierto, que es uno de los encantos de esta pieza. Así, cuando la observamos de espaldas o desde el lado del brazo herido, el tono uniforme de la piel nos sirve como zona de descanso visual y claro separador entre elementos.


En fin, la pinté y quedé satisfecho. La pieza es clásica, original, atractiva y se presta a miles de variantes.
No me oiréis decir que es buena pero, desde luego, merece la pena.

1 comentario:

M i K e L dijo...

De acuerdo con lo de la postura forzada pero los colores te han quedado de PM